Hay cuatro
prácticas narrativas que aparecerán en la mayoría de sus películas con mayor o
menor incidencia: El voyeurismo, la persecución, el suspense y el macguffin.
El
voyeurismo tendrá numerosas interpretaciones en su filmografía, desde la mera
contemplación de culpable por parte de la multitud (Yo confieso), a la
curiosidad patológica a través del ojo de una cerradura o de un orificio en la
pared (Psicosis) o la profesionalización de la observación a través de una
cámara (La ventana indiscreta) que termina implicando al propio espectador, que
mira también por el objetivo, penetrando sin rubor, en la intimidad de los
vecinos.
Consustancial
con el suspense es el tema de la persecución, que se convierte en constante en
la filmografía hitchcockniana y que ofrecerá curiosas variantes, desde el
injustamente perseguido por algo de lo que no es culpable (Sabotaje), al
perseguido por partida doble: policía y malhechores (39 Escalones), para rizar
el rizo con la rocambolesca peripecia del perseguidor/perseguido que busca a
alguien que no existe y es buscado por ser alguien que no es (Con la Muerte en
los talones).
El macguffin
hace referencia a un objeto, o un
recurso de la trama, que es muy importante para los personajes y hace avanzar
la acción, pero que podría cambiarse por cualquier otra cosa a mitad de
la película sin que el tema principal de ésta sufriera. Esa información tan
importante para los personajes se va
perdiendo a lo largo de la película (para el espectador) donde empezará
a primar la aventura, el crimen, la persecución, la intriga policiaca, el
romance, la estructura circular, la planificación, los movimientos de cámara,
que acaparan la atención del realizador y, por mimetismo, de los espectadores.

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