lunes, 23 de abril de 2012

Ampliando nuestro conocimiento para mejorar nuestra crítica



Hay cuatro prácticas narrativas que aparecerán en la mayoría de sus películas con mayor o menor incidencia: El voyeurismo, la persecución, el suspense y el macguffin.

El voyeurismo tendrá numerosas interpretaciones en su filmografía, desde la mera contemplación de culpable por parte de la multitud (Yo confieso), a la curiosidad patológica a través del ojo de una cerradura o de un orificio en la pared (Psicosis) o la profesionalización de la observación a través de una cámara (La ventana indiscreta) que termina implicando al propio espectador, que mira también por el objetivo, penetrando sin rubor, en la intimidad de los vecinos.

Consustancial con el suspense es el tema de la persecución, que se convierte en constante en la filmografía hitchcockniana y que ofrecerá curiosas variantes, desde el injustamente perseguido por algo de lo que no es culpable (Sabotaje), al perseguido por partida doble: policía y malhechores (39 Escalones), para rizar el rizo con la rocambolesca peripecia del perseguidor/perseguido que busca a alguien que no existe y es buscado por ser alguien que no es (Con la Muerte en los talones).
El macguffin hace referencia a un objeto, o un recurso de la trama, que es muy importante para los personajes y hace avanzar la acción, pero que podría cambiarse por cualquier otra cosa a mitad de la película sin que el tema principal de ésta sufriera. Esa información tan importante para los personajes se va  perdiendo a lo largo de la película (para el espectador) donde empezará a primar la aventura, el crimen, la persecución, la intriga policiaca, el romance, la estructura circular, la planificación, los movimientos de cámara, que acaparan la atención del realizador y, por mimetismo, de los espectadores.

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