miércoles, 18 de abril de 2012

Con la muerte en los talones (North by northwest 1959)


Con la muerte en los talones es la tercera entrega de la trilogía de Hitchcock, sobre la idea de un hombre inocente huyendo de la justicia. Roger Thornhill, director de una compañía de publicidad, está tomando unas copas con unos clientes en un bar, cuando es confundido con otra persona. En el momento en que pretende deshacer el equívoco es secuestrado y conducido a una lejana mansión, donde le advierten que deje de fingir y colabore con las propuestas del señor Vandam. Ante su negativa, es abandonado por sus secuestradores en un coche sin frenos y embriagado de alcohol. A partir de aquí le suceden todo tipo de aventuras peligrosas y divertidas antes de encontrar la felicidad con una seductora agente doble.

Para algunos críticos especializados “Con la muerte en los talones” constituye una reflexión sobre la inestabilidad de nuestra condición: es decir, sobre la imposibilidad de que lo absurdo no nos amenace, a causa de nuestro desconocimiento de todas las conexiones en las que se basa la realidad. Hitchcock calificó a este largometraje como “el treinta y nueve escalones americano”.
La realidad es que siendo una buena película, es tan sólo un filme de una película de persecuciones e intriga contada con buen humor y con una total despreocupación por la verosimilitud. Hitchcock señaló que este titulo surgió a causa de su interés por el problema de la persecución desde un punto de vista cinematográfico, pues estaba convencido de que un filme de persecución era una buena idea, aunque más difícil de realizar que una historia ordinaria, al ser necesario establecer unas reglas de construcción muy estrictas.

Cary Grant, uno de los actores favoritos (y fetiche) de Alfred Hitchcock, un intérprete excepcional que siempre otorga a los personajes que encarna un amable y encatador toque irónico, es el principal protagonista de esta obra maestra del genial director británico en la cual hallamos varias de las temáticas favoritas de su autor: el tema del falso culpable y el ciudadano medio inocente metido en líos que puede comprometer incluso su propia existencia. El hombre común enredado en azarosas situaciones. 

En “North by Northwest” confluyen, con un tono paranoico y amenazador, gran parte de los factores cinematográficos de Hitch: el protagonista confundido, la intriga kafkiana, el suspense, el humor, el amor, la protagonista rubia, el elegante villano, la aventura, narrado todo con ese ejemplar dominio de la técnica que poseía el maestro.

“Con la muerte en los talones” es una de las películas más importantes de su autor gracias a su entretenida mezcolanza de las características mentadas, en especial el cóctel entre tensa aventura, humor ligero, romanticismo sin ñoñería y por supuesto suspense, que despliega aspectos posteriormente remedados en los vehículos de James Bond.
El film está repleto de momentos indelebles con un empleo magistral de los escenarios: la escena en la ONU (con parte del interior rodado con cámara oculta y otra simulada con decorados en estudio), la subasta de arte, el romanticismo en el tren, las secuencias en el Monte Rushmore, la escena del letal ataque del avión fumigador o los sabrosos diálogos entre Cary Grant y su madre de ficción, interpretada por Jesse Royce Landis, una actriz que era más joven que Cary en la vida real.
Al lado de Grant encontramos la belleza rubia de Eva Marie Saint, al excelente James Mason, distinguido como siempre con su natural porte británico y a su adlátere, un joven y magnífico Martín Landau.
La célebre elipsis final marca el desenlace de una película redonda que cuenta con guión de Ernest Lehman, una espléndida fotografía en VistaVision de Robert Burks y una fenomenal partitura de Bernard Hermann, que ayuda a otorgar mayor tensión a esta inolvidable aventura cinematográfica.


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