Con la muerte en los talones es la tercera entrega de la trilogía de Hitchcock, sobre la idea de un
hombre inocente huyendo de la justicia. Roger Thornhill, director de una compañía de publicidad,
está tomando unas copas con unos clientes en un bar, cuando es confundido con
otra persona. En el momento en que pretende deshacer el equívoco es secuestrado
y conducido a una lejana mansión, donde le advierten que deje de fingir y
colabore con las propuestas del señor Vandam. Ante su negativa, es abandonado
por sus secuestradores en un coche sin frenos y embriagado de alcohol. A partir
de aquí le suceden todo tipo de aventuras peligrosas y divertidas antes de
encontrar la felicidad con una seductora agente doble.
Para algunos críticos especializados “Con la muerte en los
talones” constituye una reflexión sobre la inestabilidad de nuestra condición:
es decir, sobre la imposibilidad de que lo absurdo no nos amenace, a causa de
nuestro desconocimiento de todas las conexiones en las que se basa la realidad.
Hitchcock calificó a este largometraje como “el treinta y nueve escalones
americano”.
La realidad es que siendo una buena película, es tan sólo un
filme de una película de persecuciones e intriga contada con buen humor y con
una total despreocupación por la verosimilitud. Hitchcock señaló que este
titulo surgió a causa de su interés por el problema de la persecución desde un
punto de vista cinematográfico, pues estaba convencido de que un filme de
persecución era una buena idea, aunque más difícil de realizar que una historia
ordinaria, al ser necesario establecer unas reglas de construcción muy
estrictas.
Cary Grant, uno de los
actores favoritos (y fetiche) de Alfred Hitchcock, un intérprete excepcional
que siempre otorga a los personajes que encarna un amable y encatador toque
irónico, es el principal protagonista de esta obra maestra del genial director
británico en la cual hallamos varias de las temáticas favoritas de su autor: el
tema del falso culpable y el ciudadano medio inocente metido en líos que puede
comprometer incluso su propia existencia. El hombre común enredado en azarosas
situaciones.
En “North by
Northwest” confluyen, con un tono paranoico y amenazador, gran parte de los
factores cinematográficos de Hitch: el protagonista confundido, la intriga
kafkiana, el suspense, el humor, el amor, la protagonista rubia, el elegante
villano, la aventura, narrado todo con ese ejemplar dominio de la técnica que
poseía el maestro.
“Con la muerte en los talones” es una de las películas más importantes de su autor gracias a su entretenida mezcolanza de las características mentadas, en especial el cóctel entre tensa aventura, humor ligero, romanticismo sin ñoñería y por supuesto suspense, que despliega aspectos posteriormente remedados en los vehículos de James Bond.
“Con la muerte en los talones” es una de las películas más importantes de su autor gracias a su entretenida mezcolanza de las características mentadas, en especial el cóctel entre tensa aventura, humor ligero, romanticismo sin ñoñería y por supuesto suspense, que despliega aspectos posteriormente remedados en los vehículos de James Bond.
El film está repleto
de momentos indelebles con un empleo magistral de los escenarios: la escena en
la ONU (con parte del interior rodado con cámara oculta y otra simulada con
decorados en estudio), la subasta de arte, el romanticismo en el tren, las
secuencias en el Monte Rushmore, la escena del letal ataque del avión fumigador
o los sabrosos diálogos entre Cary Grant y su madre de ficción, interpretada
por Jesse Royce Landis, una actriz que era más joven que Cary en la vida real.
Al lado de Grant encontramos la belleza rubia de Eva Marie Saint, al excelente James Mason, distinguido como siempre con su natural porte británico y a su adlátere, un joven y magnífico Martín Landau.
Al lado de Grant encontramos la belleza rubia de Eva Marie Saint, al excelente James Mason, distinguido como siempre con su natural porte británico y a su adlátere, un joven y magnífico Martín Landau.
La célebre elipsis
final marca el desenlace de una película redonda que cuenta con guión de Ernest
Lehman, una espléndida fotografía en VistaVision de Robert Burks y una fenomenal
partitura de Bernard Hermann, que ayuda a otorgar mayor tensión a esta
inolvidable aventura cinematográfica.

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