Luego de leerme algunas
cuántas críticas sobre ésta película, y además de verla un par de veces en
diferente momento de mi vida, pues no sé si otorgarle tanto bombo, o tirarla
por tierra como hace un bloguero, que argumenta razonablemente el por qué no le
ha gustado la película. Los puntos que resalta como desdeñables son “la trama”,
que a su parecer, la historia del cine ha dado tramas mucho más interesantes
que la de un fotógrafo recluido en su apartamento a causa de una rotura de
pierna y que a causa del aburrimiento se pasa el día espiando a sus vecinos.
Sostiene que en toda obra maestra de suspense toda la historia ha de ser
creíble, cosa que no pasa con éste
rodaje porque el vecindario, es decir el escenario donde transcurren todos los
hechos muestran a varios vecinos que viven con las ventanas abiertas de par en
par, y que muestran su intimidad al exterior, como rara vez (para el bloguero)
sucede en la vida real. Tampoco ve convincente que el protagonista (James
Stewart), teniendo una novia tan guapa como Grace Kelly, prefiera observar a
sus vecinos en vez de pasárselo bien con su novia, que además tiene dinero, le
trae la cena, le ofrece trabajo y evidente amor del bueno.
Lo
que está claro, lo repito, después de leer las críticas, es que
todas las personas al ver una película nos centramos en diferente
cosas, algunos coincidimos y apreciamos más o menos ciertos
detalles, otros se enfocan sólo en la trama, otros en la fotografía
y los trucos visuales, otros en la música, y otros tantos a los que
simplemente no les gusta y cambian de canal. Todas las posturas son
aceptables, respetables y no hay por qué convencer a nadie de que
algo es bueno. Y algo no es malo por el simple hecho de que no guste
a todos y viceversa.
Con
el tiempo me he dado cuenta de que ver películas clásicas requiere
también un esfuerzo mental. Primero para situarte en la época en la
que fueron realizadas esas películas, lo que te permitirá valorar
más lo que estás viendo, siendo consciente de las dificultades
técnicas que tenían en esos años. Un esfuerzo mental en encuadrar
la realidad social de esa época, para no criticar la trama con el
prisma del siglo que corre. Un esfuerzo para no caer en comparaciones
tontas, entre una película de los 50 con una de siglo XXI. Un
esfuerzo para no levantarte del sofá o cambiar de canal porque la
película no tiene muertos vivientes, zombis asesinos, afectos
especiales, o desnudos y escenas de sexo cada siete minutos.
Me
parece una muy buena película, es amena, te inyecta curiosidad desde
un principio donde empiezas a ser parte del micromundo de Hitchcock.
Los tres bloques de edificios donde transcurre la película, con sus
particulares vecinos encierran varias historias dentro de una gran
historia o verdad. La manera en la que el director exagera este
ambiente es parte de su estilo. La mayoría de sus tramas se salen de
lo normal y lo clásico, y para ello es evidente que recurra a
ambientes que vayan a tono con su extravagancia. La gran verdad es
ese placer que tenemos por mirar, la sensación excitante de saber
algo que otros creen que no sabemos. Observar alimenta nuestra
imaginación, y nos hace estar siempre ávidos de cotilleo.


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