Qué pueblo más lindo, qué otoño tan colorido, qué niño tan dulce. Al minuto dos, cuando aún sigues pensando en la serenidad que produce el paisaje, “bang bang bang” unos disparos aceleran por segundos el ritmo de la película, ¿Qué habrá pasado?
La muerte una vez más se instala en esta nueva
obra de Hitchcock, y como era de esperarse, una muerte a su manera, con humor
inglés, llamado concretamente comedia negra. Será este uno de los motivos por
los cuales la película no tuvo tanto éxito en Estados Unidos, y es que enterrar
y desenterrar a un muerto, no les hizo tanta gracia. Así que la película se
llevó a Europa donde tuvo mejor acogida, tanta que en algunos países estuvo en
cartelera hasta un año y medio. Esto es bastante, pero no olvidar que hablamos
de hace cincuenta años atrás y la cartelera no cambiaba con la misma rapidez de
los tiempo que corren hoy. La película empezará a gustar a Norte América
después de este corto viaje por Europa.
La película tiene un toque surreal, sobrepasa
lo racional, y muchas cosas carecen de sentido. Desde un asesinato en medio de
un fulgurante paisaje, hasta los personajes que topan con un cadáver y actúan
como si se hubieran encontrado un objeto.La intriga y el suspenso se instalan en el
espectador desde un primer momento. Todas las actitudes extrañas dan pie a la
sospecha. Todos los personajes tiene algo extravagante, unos más que otros lo
que ayuda a no desvelar quién mató a Harry.
Hitchcock no sólo deja que la intriga y el
misterio entren por la trama, sino por una serie de trucos visuales. Como por
ejemplo al muerto sólo se le ve el rostro en una ocasión, y las veces que se
aprecia un plano general siempre aparece una rama, un follaje que le cubre el
rostro. La imagen que mejor se queda grabada del muerto son sus pies cubiertos
por unos peculiares calcetines azules con rojo, que tan poco se ajustan a la
descripción del muerto, un hombre violento y prepotente.
Desde un punto de vista social, me parece
interesante y de gran importancia el personaje realizado por Shirley MacLine,
que en plena década de los 50, representa a una mujer que ha huido de su marido
porque no era lo que esperaba ni mucho menos el hombre al que ama, y además con
el deber de criar a su hijo. Muestra una mujer moderna, decidida y no dispuesta
a que ser menospreciada por su marido.
Acompañando todo este ambiente que bien se
puede encajar en un mal sueño lleno de saltos y sobresaltos, la música es un
elemento clave. La banda sonora la compuso
Bernard Herrmann, compositor estadounidense en el género cinematográfico
que ya le había puesto la música a películas, hoy emblemáticas como “Ciudadano
Kane” o “La guerra de los mundos”. A pesar de su carácter particular, por ser
un tipo antisocial, solitario y muy inconforme con su trabajo, debutará con el
director Inglés en ésta película, en la que ambos, director y músico trabajaron
en conjunto para acertar con una música que ayude a mantener el tono delicado
de una película tan extraña.
Finalmente podemos decir que esta película,
que es una adaptación de la novela de John Trevor, fue una de las más atípicas
del director. Fue consciente desde un inicio que no era suponía uno de sus
mejores proyectos pero si algo que quería hacer. A pesar del poco entusiasmo
que mostró la Paramount ,
la película se rodó con una serie de dificultades que fueron sorteadas con
habilidad e ingenio por el gran director, y años más tarde dará los frutos que
no aportó en sus inicios, dando lugar inclusive a disputas en la Paramount y Universal
que se disputaran los derechos legales para su distribución.

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